Un año sin la mano de Diego

Fidel y Diego, volaron alto el mismo día

A mis 49 años había rodado por redacciones de cinco periódicos y revistas entre La Habana y Caracas. Estuve tras cámara en dos documentales, escribí un ensayo sobre la historia de América, asesoré a un ministro de Comunicación y me aventuré como profesor en dos universidades… Con ese currículo cualquier colega podría sentirse satisfecho. Listo para agenciarse una zona de confort, desde donde manejar la libertad y el tiempo. Pero yo estaba inconforme. Sentía que todavía quedaba un mundo de cosas por descubrir, otro por aprender y mucho que arriesgar.

A unos pocos meses de celebrar los 50 me llamó Patricia Villegas, la presidenta de Telesur, con una de esas propuestas que no esperas. La televisora latinoamericana acababa de producir De Zurda, un programa con Diego Armando Maradona desde el Mundial de Fútbol de Brasil. El reality había sido un éxito de audiencia y valía la pena escalarlo en el continente. Dije que sí, con la seguridad de que aceptaba convertirme en el Productor Ejecutivo de un programa difícil, en el que me entregaría a disfrutar y sufrir a partes iguales. Confieso que esa noche, al llegar a casa, me senté a visualizar la saga de De Zurda y comprendí en el lío en que me acababa de meter.

¿Cómo produces un programa de televisión para un ídolo de millones de hinchas alrededor del mundo? ¿Cómo puedes lidiar con su historia y su pasado de héroe y de villano? ¿Cómo separar al genio del fútbol de la celebridad polémica? ¿Cómo sacas partido a su grandeza como atleta, muchas veces eclipsada por su adicción a casi todos los vicios? ¿Cómo logras que sus valores humanos puedan viralizarse sin que los contaminen sus propios errores de hombre? ¿Cómo se torea a un rebelde como Diego Armando Maradona? Confieso que estas son solo un diez por ciento de las preguntas que me hice antes de nuestro primer programa. Por suerte para los dos comenzamos en La Habana.

Más de una vez alguien se atrevió a preguntarme por qué acepté ese reto, con toda la aureola de genio y la mala reputación de Maradona… Rechazar la invitación me hubiese privado de la oportunidad de conocer al verdadero Diego que vivió tras los telones de la leyenda urbana. Para entenderlo me fui a la raíz, a sus orígenes en Villa Fiorito, esa que él dibujaba como «un barrio privado de Buenos Aires, pero privado de luz, de agua y de teléfono». Diego era el producto de un tiempo, de una sociedad y de un sistema del que no logró emanciparse. Un alma noble metida en el cuerpo de un barrilete cósmico, como bien lo definió el grande de Víctor Hugo Morales.

Hablamos, bebimos, cantamos y madrugamos. Una de las primeras cosas que hicimos juntos fue asistir a un concierto de Silvio Rodríguez en un barrio de La Habana. Ese día fue feliz. Tanto que no dejó de hablar de las canciones y del trovador en los jornadas siguientes. Fui testigo de cómo sufrió la enfermedad de Fidel y de cómo vivió agradecido de Cuba. Cuando conoció a mi hijo Diego, que entonces tenía seis años, me ganó por goleada de emociones. Trató a mi familia con cariño y nunca posó de Dios, arrogante o creído. En Colombia lo vi sudar uno de sus últimos partidos en la cancha. Convocó a una constelación de estrellas para un juego por la Paz y los amigos llegaron desde los más remotos lugares del mundo. Por ellos era capaz de dejar a un presidente plantado. Delante de mí lo hizo.

Después de esa experiencia, El Diez siguió atrapado en su laberinto, pero yo fui otra persona. Aprendí a ver desde otra dimensión la manera en que valoramos a los héroes en la historia. Diego era eso, un héroe de carne y barro, que emergió de la pobreza y tocó el cielo. Tan alto llegó que sus seguidores aún lo llaman «la mano de Dios». Lo voy a recordar siempre con un gesto muy sencillo, con el que logró enrolarme en su locura. Cuando lo despedí en el aeropuerto de La Habana, después de nuestros dos primeros De Zurda Viajero, me entregó su bombilla de mate, apretó mi mano y me susurró: «Quédatela y me la llevas al próximo programa a Colombia. Ella es la prueba de que tú y yo seguimos juntos».  



Fragmentos de Los Goles del Peluza, serie de dibujos animados producida por Telesur para De Zurda Viajero. Guión de Félix López y realización de Omar Proenza.
Joaquín Sabina canta La Mano de Dios frente a Diego

Recuerda al Diez con una cerveza

En 2009 la empresa mexicana Cervecería Revolucionaria, de Guadalajara, Jalisco, creó 10 Maradó (Lager), bajo el lema «La cerveza del 10». Esta cerveza es parte de un proyecto para homenajear a los astros del balompié nacional e internacional y fomentar la creación de escuelas de futbol en zonas marginales y rurales. Diego era amante de la cerveza. ¡Brindemos por los goles y la felicidad que nos regaló el Diez!

EN TRASTIENDA.SHOP AMAMOS A DIEGO Y EL FÚTBOL

Un comentario en “Un año sin la mano de Diego

  1. Que decirte??, agradecerte este artículo, pues en estos tiempos a la mano de Dios, la quieren convertir en la mano del diablo, no por haber sido adicto a ciertas sustancias prohibidas, sino por ser un adicto a Fidel y su Revolución.

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