Almudena es un nombre de tango

Almudena Grandes (1960-2021)

Acaba de morir Almudena Grandes. La lloran España, mujeres y hombres. También la literatura. Estamos tristes porque nadie debería largarse así en la flor de la vida. Almudena, tan grande, solo había cumplido 61 años y nos debía aún quién sabe cuántas novelas, cuentos y artículos para leer los sábados. Maldito cáncer que se lleva sin piedad a los buenos, casi siempre a destiempo y nos deja en una orfandad desoladora, a veces incomprensible, pero siempre escalofriante.

Cuando Mojito News se hizo blog, Almudena fue la primera escritora a la que rendimos un homenaje. Recuerdo que publicamos un fragmento de Las edades de Lulú y le dedicamos 90 minutos, de Vanesa Martín. Entonces ya estaba enferma, pero no pensábamos en la cercanía de la muerte. Un sábado después, en El País, disertó sobre el poder de la literatura frente a los videojuegos y al terminar de leerla comencé a buscar su correo para escribirle. Yo estaba en medio de la investigación para La tragedia del gaming disorder y sus palabras fueron como un bálsamo para calmar algunas de mis preocupaciones.

Aquel día guardé esta cita y comencé a listar las preguntas que le enviaría a Almudena: «Hay cosas que los libros dan que los videojuegos no son capaces. A los niños les gusta leer de pequeños y luego les vuelve a gustar cuando son más mayores, pero es verdad que hay una edad como perdida que coincide con la pre adolescencia. Un videojuego, creo yo, no puede suplir la emoción de las novelas de aventuras, de las historias de amor, de las novelas de terror. Es verdad que cada vez es más difícil, pero lo realmente complicado es que los niños se acerquen, una vez que se enganchan, ya está el camino hecho. En ese sentido la literatura sigue siendo bastante imbatible».

Esta fría tarde española la noticia congela y deja sin aliento. Almudena está muerta y mi hijo Diego lee en su habitación. En un rato volverá a su encuentro con el videojuego de turno y yo esperaré paciente para que hoy charlemos algo de literatura. Toca conversar sobre Las edades de Lulú, Te llamaré Viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de la geografía humana, Los aires difíciles, Castillos de cartón, Los besos en el pan y El corazón helado. De esta última novela publicamos aquí un breve fragmento, como homenaje a la escritora que nos ha legado su compromiso político y cívico con los que no disfrutan de un sitio en los altares de la historia y la memoria.

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El corazón helado (fragmento)

Almudena Grandes

Yo era un hombre corriente, razonable, incluso vulgar, sin otra extravagancia que una aversión morbosa a los entierros, y mi vida una apacible llanura de tierras cultivadas que no solía exigir excesos de mis ojos, ni de mi conciencia. Es una historia muy larga, muy antigua, y para vivir aquí, hay cosas que es mejor no saber, incluso no entender. También podía no hacer nada. Siempre se puede no hacer nada, aprender a vivir sin preguntas, sin respuestas, sin furia y sin piedad. Siempre se puede no vivir y hacer como que se vive, al menos aquí, en España, un territorio inmune a la ley de la gravedad, la excepción a la ley de la causa y el efecto, el país donde nadie ve nunca una manzana que se cae de un árbol, porque todas las manzanas están ya en el suelo desde el principio y eso es lo más práctico, lo más sabio, lo más cómodo, lo mejor para todos, mientras las manos sean más rápidas que la vista, mientras las paradojas más elementales de la óptica jueguen a favor de quien maneja las lentes, mientras el prestigio moderno de la gente pequeña que hace lo que sea por sobrevivir oponga su transparente actualidad al caduco prestigio de los hombres y las mujeres admirables, tan anticuados por otra parte, tan inservibles en realidad, tan fastidiosos en su abnegación, en su terquedad, en la esterilidad de su sacrificio, porque si se hubieran estado quietos, si se hubieran dado por vencidos, si no se hubieran jugado la vida en vano tantas veces, tampoco habría pasado nada. Que no serían admirables, sólo eso, pero los habríamos comprendido igual. ¿Cómo no íbamos a comprenderlos, si a nosotros la ley de la gravedad no nos afecta?

Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Porque, para vivir aquí, hay cosas que es mejor no saber, incluso no entender. Pero yo te quiero, y confío en ti, y sé que serás un hombre digno, bueno, valiente, tan valiente como para perdonar a tu madre, que te querrá siempre y por eso nunca podrá perdonarse del todo. Yo te habría querido, abuela, yo habría sido un hombre mejor si hubiera podido quererte a tiempo, si hubiera podido leer esta carta sin haber tenido que robarla antes. A lo mejor estoy equivocada, pero siento que estoy haciendo lo que tengo que hacer, y lo hago por amor. Yo te quiero, abuela, y nunca te he visto, pero te quiero, y tú nunca me has conocido, pero te quiero, y jamás me has tocado, jamás me has abrazado, jamás me has besado, pero te quiero, te quiero, de verdad y de repente, te quiero.

Españolita que vienes al mundo, te guarde Dios. Ni Dios ni amo. Ni siquiera el derecho a saber quién eres tú, porque para vivir aquí, lo mejor es no saber nada, incluso no entenderlo, dejarlo todo como está y las ramas del manzano perpetuamente desnudas, los frutos en el suelo, dispuestos con cuidado, esa astucia ventajosa y mezquina que complace al escenógrafo acostumbrado a trabajar sin testigos, porque los que aún no son cadáveres, ya están muertos de miedo. Por amor o por cálculo, para proteger a una niña especial o las propias espaldas, lo mejor es no saber, o aún mejor, que nadie sepa, y en eso se resumen tantos años, dos, tres generaciones enteras, casi un siglo de dolor y de soberbia. En ese punto confluyen las estrategias de la preocupación y del prestigio, la memoria de los vencedores y la de los vencidos, intereses distintos y un solo resultado para los hijos, para los nietos de todos.

Españolito que vienes al mundo, vengas de donde vengas, nunca confíes en que te guarde Dios. Guárdate tú solo de las preguntas, de las respuestas y de sus razones, o una de las dos Españas te helará el corazón.


«La alegría me había hecho fuerte, porque me había enseñado que no existe trabajo, ni esfuerzo, ni culpa, ni problemas, ni siquiera errores que no merezca la pena afrontar cuando la meta, al fin, es la alegría».

AG

«Para escribir antes ha habido que leer. Empezar a escribir es una consecuencia de haber leído mucho, es como atravesar el espejo, como cuando Alicia atraviesa el espejo. Son dos actos espectaculares».

AG

«Hurga en el corazón helado de Almudena»

Si la memoria histórica te raya la falla del dos mil, si la canalla empaña el mes de abril, si cada julio pierdes la batalla del grana y el añil, ni llores por Boabdil, ni tires la toalla.

Si los aires difíciles te dejan mojado el canesú, si purgas los pecados de Lulú, si los castillos de cartón te alejan del coro de Moscú, liba en aquel vermú la miel de las abejas.

Si te urge repasar la geografía humana de Babel, si sigues en edad de serle infiel a las penas con pan de cada día, si ni Caín ni Abel, rebózate en la hiel cañí de los tranvías.

Si viajas por el viejo testamento de Miaja y de Negrín, si Alberti, Federico, Bergamín, si meas a los pies del monumento de Cela y de Celine, afina el cornetín del quinto regimiento.

Si estrenas fatiguitas en cadena de carne de cañón, si te irritan los solos de borbón, si vives enganchado a tu Malena, mellado bandoneón, hurga en el corazón helado de Almudena.

Joaquín Sabina. 2007. Interviú.


En julio de 2020, Vanesa Martín, la intérprete de Todas las mujeres que habitan en mí, compartió un vídeo íntimo en su cuenta de Instagram. Con su guitarra y su sensibilidad característica puso música a las palabras de uno de los libros más míticos de Almudena Grandes: Malena es un nombre de tango.

Vanesa Martin

Brindamos por ti, Almudena. ¡Gracias por todo!

3 comentarios en “Almudena es un nombre de tango

  1. Que decir de esta mujer que escribe para hombres que te ofrece de lo que quieres leer y te impregna de lo que debes saber. Como casi todos, me imagino, comencé con las edades de lulú, luego me hice más profundo con la madre de frankestein por el nombre y después consumir un número bueno de cuentos, soy un lector impaciente y los cuentos son mis preferidos. Creo que se fue después de habernos dado mucho y debiendo todavía mucho. No voy a decir el «que en paz descanse», porque las almas encendidas no están nunca en paz

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