Metáforas de sexualidad

Demasiada incertidumbre. En Mojito News pensamos que ya es suficiente con la pandemia, la inflación, las dificultades económicas, las guerras de cuarta generación, la falta de recreación y hasta de sexo. Por eso dedicamos esta entrada a la literatura erótica, con la seguridad de que traemos al bar un género que nos provoca un montón de agradables sensaciones.

No se dejen confundir por las imágenes. No invitamos a un espectáculo pornográfico. Aquí pueden experimentar las diferencias entre lo erótico y lo porno. Elegimos obsequiarles el cuento breve La Maja, de Anais Nin, para que disfruten en pareja el sentido estético de la narrativa sexual y la manera atrevida, pero hermosa, con que se describe la acción.

Aprovechen estos tiempos tan convulsos y regalénse el gusto de leer, al menos por una vez en la vida, cuentos como La Mojigata (Marqués de Sade), El falso autostop (Milan Kundera), Tráeme tu amor (Charles Bukowski), La puta de Mensa (Woody Allen), Tu más profunda piel (Julio Cortázar), Malena, una vida hervida (Almudena Grandes), o Trilogía Sucia de La Habana (Pedro Juan Gutiérrez). Cualquiera de ellos te enseñará que un cuento o relato erótico es más excitante que el porno más crudo.

Al escribir historias más sugestivas que gráficas o explícitas, estos autores persiguen que los lectores completemos la idea y nos ofrecen la opción de incorporar nuestras vivencias. En Mojito News te lo ponemos fácil. Un cuento erótico, una buena canción y un coctel acorde a las circunstancias. De ahí a la acción solo falta un poco de iniciativa e imaginación. Confiamos en ti. La gente de este bar sabe pasarla bien.


La Maja desnuda, de Goya

La Maja / Anais Nin

El pintor Novalis acababa de casarse con María, una española de la que se enamoró porque le recordaba su cuadro favorito, la Maja desnuda de Goya.

Fueron a vivir a Roma. María hizo palmas con infantil alegría cuando vio el dormitorio, admirada de los suntuosos muebles venecianos con hermosas incrustaciones de perlas y ebonita.

Sobre el monumental lecho construido para la esposa de un dux, la primera noche María temblaba de placer, estirando el cuerpo antes de esconderlo bajo las delicadas sábanas. Los dedos sonrosados de sus gordezuelos piececitos se movían como si reclamaran a Novalis.

Pero ni una sola vez se había mostrado completamente desnuda a su marido. En primer lugar, era española; además era católica; y además absolutamente burguesa. Antes de hacer el amor había que apagar las luces.

De pie junto a la cama, Novalis la miraba con los ojos apretados, dominado por un deseo que dudaba si manifestar; quería verla, admirarla. No la conocía completamente a pesar de aquellas noches en el hotel, cuando oían voces extrañas al otro lado de los finos tabiques. Lo que pedía no era un capricho de amante, sino el deseo de un pintor, de un artista. Sus ojos estaban hambrientos de la belleza de la mujer.

María se resistió, acalorándose, algo enfadada, ofendida en sus profundos prejuicios.

—No seas tonto, querido Novalis —dijo—. Ven a la cama.

Pero él insistió. Debía superar sus prejuicios burgueses, le dijo. El arte se mofa de semejante modestia, la belleza humana debe exhibirse en toda su majestad y no permanecer escondida, despreciada.

Las manos del hombre, coaccionadas por el temor a herirla, apartaron suavemente sus dulces brazos que estaban cruzados sobre el pecho.

Ella se rió.

—Eres tonto. Me haces cosquillas. Me estás haciendo daño.

Pero, poco a poco, adulado el femenino orgullo por el culto de que era objeto su cuerpo, se fue entregando, dejándose tratar como una niña, con mansas protestas, como si estuviera sufriendo una agradable tortura.

Libre de velos, el cuerpo brilló con la blancura de las perlas. María cerró los ojos como si quisiera escapar a la vergüenza de su desnudez. Sobre las tensas sábanas, las graciosas formas embriagaban lo ojos del artista.

—Eres la fascinante y pequeña maja de Goya —dijo él.

Durante las semanas siguientes, nunca posó para él ni le permitió tener modelos. Se metía inesperadamente en el estudio y charlaba mientras él iba pintando. Una tarde que entró de repente en el estudio, vio sobre la plataforma de los modelos a una mujer desnuda tendida sobre pieles, mostrando las curvas de su marfileña espalda.

Más tarde María hizo una escena. Novalis le rogó que posara para él y ella capituló. Agotada por la vehemencia, se quedó dormida. Él trabajó durante horas sin pausa.

Con franca inmodestia, se admiró en el cuadro lo mismo que lo hacía en el gran espejo del baño. Deslumbrada por la belleza de su propio cuerpo, por unos instantes perdió la vergüenza. Además, Novalis había puesto al cuerpo una cara distinta, para que nadie pudiese reconocerla.

Pero después María recayó en sus viejos hábitos mentales, negándose a posar. Hacía una escena cada vez que Novalis contrataba a una modelo, escuchando y espiando detrás de las puertas, y discutiendo a todas horas.

Casi enfermó de ansiedad y temores morbosos, y comenzó a padecer insomnio. El doctor le dio unas píldoras que le provocaban un sueño profundo.

Novalis se dio cuenta de que cuando tomaba las píldoras no lo notaba levantarse, moverse alrededor ni derribar los objetos de la habitación. Una mañana que se despertó temprano con ánimos de trabajar y la vio dormida, tan dormida que casi no se movía, tuvo una extraña ocurrencia.

Apartó las sábanas que la tapaban y, lentamente, fue levantando el camisón de seda. Pudo subirlo por encima de los pechos sin que ella diera la menor muestra de despertar. Cuando estuvo descubierto todo el cuerpo de la mujer, lo contempló tanto rato como quiso. Los brazos estaban desprendidos del cuerpo; los pechos se extendían ante sus ojos como una ofrenda. Le excitaba el deseo pero no se atrevió a tocarla. En lugar de eso, trajo papel y lápices, se sentó junto a la cabecera y estuvo tomando apuntes. Mientras trabajaba, tenía la sensación de estar acariciando cada una de las líneas perfectas del cuerpo de la mujer.

Pudo proseguir durante un par de horas. Cuando observó que cedía el efecto de las píldoras somníferas, estiró el camisón, la cubrió con la sábana y salió del dormitorio.

Más tarde, María se sorprendió al notar un nuevo entusiasmo de su marido por el trabajo. Se encerraba en el estudio durante días enteros, pintando sobre los apuntes a lápiz que hacía por las mañanas.

De este modo le hizo varios cuadros, siempre tendida, siempre durmiendo, tal como había estado el primer día que posó. María estaba pasmada por la obsesión. Creía que eran simples repeticiones de la primera pose. Novalis siempre alteraba el rostro. Dado que la actual expresión de la mujer era adusta y severa, nadie que viera aquellos cuadros se imaginaría nunca que el voluptuoso cuerpo era el de María.

Novalis ya no deseaba a su esposa cuando estaba despierta y lucía la expresión puritana y la mirada ceñuda. La deseaba cuando estaba dormida, abandonada, opulenta y apacible.

La pintaba sin respiro. Cuando estaba solo en el estudio con un nuevo cuadro, se tendía frente al cuadro en el sofá y una corriente cálida le recorría todo el cuerpo, mientras sus ojos reposaban en los pechos de la maja, en el valle de su vientre o en el vello que nacía entre las piernas. Notaba una incipiente erección. Le sorprendía el violento efecto del cuadro.

Una mañana estuvo delante de María mientras ella estaba durmiendo. Había conseguido separarle ligeramente las piernas, para ver en medio. Observando la pose sin limitaciones, las piernas abiertas, se tocó el sexo con los dedos haciéndose la ilusión de que era ella quien lo hacía. Cuántas veces le había conducido la mano hacia el pene, con el propósito de arrebatarle esta caricia, pero ella siempre se había negado y alejado la mano. Ahora empuñó el pene con su propia mano.

María comprendió pronto que había perdido el amor del pintor y no supo cómo recuperarlo. Se daba cuenta de que estaba enamorado de su cuerpo, pero sólo cuando lo pintaba.

Se fue al campo, a pasar una semana con unos amigos. A los pocos días cayó enferma y regresó a casa para que la viera su médico. Cuando llegó, la casa parecía desierta. Fue de puntillas al estudio de Novalis. No había el menor ruido. Entonces se imaginó que estaría haciendo el amor con otra mujer. Se acercó a la puerta. Lenta y silenciosamente como un ladrón, la abrió. Y esto es lo que vio: en el suelo del estudio había un cuadro de ella; y encima, restregándose contra el cuadro, estaba su marido desnudo, desnudo y con el pelo alborotado, como ella no lo había visto nunca, y con el pene erecto.

Se restregaba contra la pintura, lascivo, besándola y acariciándola entre las piernas. Se revolcaba como nunca lo había hecho sobre María. Parecía presa del frenesí y a todo su alrededor tenía los demás cuadros de ella, desnuda, voluptuosa y bellísima. Les dirigía miradas apasionadas y luego proseguía el imaginario abrazo. Lo que estaba viviendo era una orgía con la esposa que en realidad no había conocido. Ante este espectáculo, la propia sensualidad contenida de María se incendió, libre por primera vez. Al quitarse las ropas, le reveló una María nueva, una María iluminada por la pasión, abandonada como en los cuadros, que ofrecía su cuerpo sin pudor y sin dudarlo a todos los abrazos del hombre, esforzándose por arrebatar sus emociones a los cuadros, por sobrepasarlos.



Antonio Orozco, «Entre sobras y sobras me faltas»… cuánta sutileza.

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Cinco curiosidades del Kamasutra

1- Vatsiaiana, el hindú autor del Kamasutra, hizo un voto de castidad. Por consiguiente nunca practicó relaciones sexuales. De esta manera, el escritor nunca probó las 64 posiciones sexuales que describe en su manual, ni su efectividad, ni su viabilidad.

2- El libro original habla sutilmente de la homosexualidad y recomienda «probar ambos sabores». A pesar de que en la época victoriana la monogamia y la heterosexualidad eran lo más común y «aceptable», el Kamasutra asume que las relaciones entre parejas del mismo sexo «es un tipo de relación para participar y disfrutar en sí mismo como uno más».

3- La práctica más detallada que describe el manual es la del sexo oral. Según su autor, es mejor practicado por los hombres que por las mujeres.

4- El Kamasutra está dedicado también al metrosexual,  definido por Oxford Languages como un hombre que «se preocupa por tener una imagen cuidada y moderna y está atento a las últimas tendencias». Según el manual, «las uñas y los bigotes deben cortarse cada cuatro días y el vello corporal cada cinco o seis días».

5- El tutorial sexual más famoso, en contradicción con las prácticas de la época victoriana, aconseja a la mujer tomar la posición dominante y al hombre pensar siempre en ella primero. Esto se debe a que para Vatsiaiana el deseo sexual de las mujeres es hasta «ocho veces mayor que el de un hombre».


Prepara tu coctel Orgasmo (+18/Caliente)

Dicen que el orgasmo es de quien lo trabaja. En Mojito News nos interesa que tus relaciones sexuales sean divertidas y plenas. Por eso te recomendamos el coctel Orgasmo, un complemento perfecto para la lectura de La Maja, de Anais Nin, y la canción de Antonio Orozco.

Ingredientes

  • Kahlua: 1 onza.
  • Amaretto: 1 onza.
  • Baileys: 1 onza.
  • Cubos de hielo (opcional).

Preparación

Vierte todos los ingredientes en la medida indicada dentro de una coctelera. Agítala diez segundos. Pasa la mezcla ya homogeneizada a un vaso de whiskey o una copa triangular. ¡Acción!

Un comentario en “Metáforas de sexualidad

  1. Excelente erotismo, excelentes recomendaciones, mucha falta hacen los orgasmos en épocas de desmadre!!! Qué viva el necesario erotismo!!! Buena propuesta, siempre he escuchado que el licor de menta es afrodisíaco!!! Abrazo Félix

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