Tumbar el aburrimiento

Mientras que algunos se enfrascan en quitar gobiernos, en Mojito News hacemos lo imposible por tumbar el aburrimiento. No hay peor dictadura que la agenda impuesta desde los medios. El sistema político más aburrido es el que nos mutila la sonrisa y las ganas de ser felices, pese a todo… En esta entrada viene Franz Kafka a contarnos la verdadera naturaleza de la Ley; Silvio Rodríguez nos enseña cómo se le responde a un hater; Adele nos demuestra cómo se hace viral una buena canción y Praga nos reafirma que la mejor revolución es la de la cerveza.


Ante la Ley

Este cuento corto forma parte del manuscrito de la novela El proceso —capítulo «En la catedral». Se publicó por primera vez en el semanario judío independiente Selbswehr (7 de septiembre de 1915)

Franz Kafka      

Ante la Ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
—Tal vez —dice el centinela— pero no por ahora.
La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
—Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.
El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.
Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:
—Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.
Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.
—¿Qué quieres saber ahora? —pregunta el guardián—. Eres insaciable.
—Todos se esfuerzan por llegar a la Ley —dice el hombre—; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?
El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:
—Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

Escultura homenaje a Kafka, en Praga

Franz Kafka

(Praga, 1883 – Kierling, Austria, 1924) Escritor checo en lengua alemana. Su obra señala el inicio de la profunda renovación en la novela europea en las primeras décadas del siglo XX. Franz Kafka dejó definitivamente atrás el realismo decimonónico al convertir sus narraciones en parábolas de turbadora e inagotable riqueza simbólica: protagonizadas por antihéroes extraviados en un mundo incomprensible, sus novelas reflejan una realidad en apariencia reconocible y cotidiana, pero que muestran las angustias e incertidumbres que embargan al hombre contemporáneo.


Debate kafkiano entre Silvio Rodríguez y un hater

Tomado del blog Segunda Cita (2013)


Adele – Easy On Me, con más de 80 millones de visualizaciones.

Praga tiene más de treinta fábricas de cervezas artesanales.

Brindamos con cervezas checas (+18/Refresca)

En la República Checa se ama la cerveza y se le considera «tesoro nacional». Los checos son los mayores consumidores de cervezas del mundo. Sus habitantes beben una media de 150-160 litros anuales por cabeza.

Si eres cervecero tienes que proponerte un paseo por Praga. Si consigues hacer ese viaje hay cinco cosas que necesitas saber:

1. Para brindar los checos utilizan la frase «¡Na Zdravi!», que significa salud. El ritual incluye mirar fijo a los ojos del otro, apoyar la jarra en la mesa y a beber.

2. Para que te sirvan cerveza en cualquier bar solo debes colocar el posavasos encima de la mesa, si el camarero no lo ve es como si fueras un fantasma. No vale llamarlo, chiflar o levantar la mano. Hasta que no coloques el posavasos sobre la jarra o el vaso te seguirán sirviendo.

3. Para que te traigan la cuenta basta con colocar la cartera sobre la mesa.

4. No te marees con la carta. Puedes pasar horas para decidir. Solo en Praga existen más de treinta fábricas de cervezas artesanales. La cerveza más famosa es la Pilsner Urquell, una bebida con baja fermentación y a la que no inyectan CO2.

5. En Praga, además de un bar en cada esquina, también está de moda el spa cervecero. Allí tienes barra libre de cervezas, una sauna de lúpulo situada dentro de un barril y hasta puedes comer pan de cerveza.

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