Amores trágicos y bodas de sangre

Bodas de sangre ha sido llevada al cine, el teatro y la danza

Cuando cumplí mis primeros cincuenta años Alina y yo nos fuimos a Verona. Por más que uno viva su propia historia de amor, Romeo y Julieta son los novios eternos. El arquetipo de los amantes trágicos que defendieron sus sueños más allá de sus familias, de lo imposible y prohibido. Uno deja atrás la Piaza delle Erbe y entra en la Via Capello 27 con el corazón estrujado. William Shakespeare nos engatusó para siempre con su trama de un romance imposible y dramático desenlace.

Sabes que vas camino a una historia. Descubres que la escena ha sido recreada para que el turista desande las páginas de un libro y se lo crea. Pero aun así te dejas seducir por la magia literaria y los adoquines gastados por el tiempo. Una tragedia de cinco días de verano, una guerra entre dos clanes rivales, los Capuletos y los Montescos, seis muertes violentas y una pareja de jóvenes que se aferró al amor y trascendió al odio… Tratas de procesar esas imágenes como de fast motion, mientras te embelesas con el balcón medieval, que no es real, pero donde supones ocurrieron los pasajes más emocionantes de la obra.

Romeo y Julieta fue impresa por primera vez en 1597. Desde entonces se convirtió en la pareja de enamorados más célebre de la literatura y la obra más representada en la historia del teatro, el ballet clásico y el cine. Ir a Verona es encontrarse con Shakespeare y reverenciar al amor. Eso es lo que hacen parejas, despechados y solteros de todo el mundo, que pegan sus cartas en las paredes de la casa de Julieta, o se acercan a su escultura, le tocan el busto y piden un deseo. Dice la leyenda urbana que todo el que lo hace vuelve a Verona. Daré crédito el día que regrese. Eso sí, aquella mañana dejamos la ciudad convencidos de que nos habíamos encontrado con la historia de amor más grande jamás contada.

Cinco años después, Verona dejó de ser para mí el epicentro del amor trágico. El azar me llevó a vivir a un pueblo andaluz en la costa del Mediterráneo. Desde casa, los días despejados, alcanzo a ver Cabo de Gata. Un parque natural con playas y calas de ensueño. Allí, como perdido en esa mágica geografía, entre los pueblos blancos de Aguamarga y Carboneras, está el Cortijo del Fraile, escenario de la historia que inspiró Bodas de Sangre, de Federico García Lorca. Otra vez con los pelos de punta frente a la escena real de una leyenda literaria, de un crimen pasional y el eco de las palabras del poeta que se pierde en el paisaje árido  de los campos de Níjar: «Ha llegado otra vez la hora de la sangre. Dos bandos. Tú con el tuyo y yo con el mío. ¡Atrás! ¡Atrás!».

Bodas de Sangre prescinde de la fantasía escenográfica de Romeo y Julieta. La crudeza del hecho real es también el relato de una España arcaica y machista. Corría el caluroso julio de 1928. Francisca Cañada vivía con sus padres en el remoto Cortijo del Fraile. Ellos habían acordado una boda de conveniencia con Casimiro Pérez, un trabajador del lugar que no le atraía a la joven. La víspera del día pactado para la ceremonia, con el cura avisado y el banquete listo, Francisca huyó con su amor verdadero, su primo Paco Montes Cañada. Mientras se alejaban a caballo, fueron interceptados en un cruce de caminos por un hermano del novio abandonado. Paco recibió un disparo en la cabeza y Francisca una golpiza brutal. Aunque fue dada por muerta, sobrevivió para contar lo ocurrido y desenmascarar al asesino.

La tragedia de la familia Cañada saltó de la España profunda a los medios. Federico García Lorca, que entonces estudiaba en Madrid, se enteró tres días después por un periódico que cayó casualmente en sus manos. Cuentan que no salía de su asombro y les decía alborozado a sus amigos: «¡La prensa, qué maravilla! ¡Leed esta noticia! Es un drama difícil de inventar». El propio Federico escribió que se dedicó con esmero a guardar todos los recortes con las noticias del crimen pasional. Cinco años después, aquellas notas del suceso se convirtieron en Bodas de Sangre, una de sus obras más importantes y más representadas.

Francisca Cañada supo que su historia inspiró a Lorca, pero nunca fue al teatro. Su fuga siempre se consideró fuente de deshonra y vergüenza para las dos familias. Murió en 1987 sin haber amado a nadie más. El Cortijo del Fraile, ahora en ruinas, es recordado como el hermoso conjunto que fue, con su aire barroco, rodeado de olivos y vides. Una historia de amor devenida en tragedia lo ha convertido en Bien de Interés Cultural. Construido por frailes dominicos en el siglo XVIII, plató de películas como El bueno, el feo y el malo, La muerte tenía un precio o Yo soy la revolución, debería transformarse en un sitio para reverenciar al amor verdadero y recordar a Lorca.

Historias como la de Verona o el Cortijo del Fraile, demuestran que el mundo conoce del desamor, pero también de parejas que han defendido su elección y sueños hasta con la vida. Francisca Cañada nunca debió ser obligada a fingir amor. Si hubiese logrado escapar con su amado Paco no existiría hoy Bodas de Sangre. Tal vez pasó toda la vida sola, pero segura de que hizo lo correcto. Así lo interpretó Lorca en su obra: «Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque!».


Reportaje sobre el crimen de Níjar
Bodas de Sangre / Antonio Gades

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Dice la nostra novia (canto popular de Federico García Lorca) interpretado por Vanesa Martín

Otras Noches de boda, a la manera de Joaquín Sabina

Romeo y Julieta (Romeo y Julieta, William Shakespeare)
Martín y Alejandra (Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sábato)
Jane y Rochester (Jane Eyre, Charlotte Brontë)
Anna Karenina y Alexei Kurillovich (Anna Karenina, León Tolstoi)
Catherine Earnshaw y Heathcliffe (Cumbres borrascosas, Emily Brontë)
Pip y Stella (Grandes esperanzas, Charles Dickens)
Cyrano y Roxana (Cyrano de Bergerac, Edmond Rostand)
Lancelot y Ginebra (La muerte de Arturo, Thomas Malory)
Jake Barnes y Brett Ashley (El sol también se levanta, Ernest Hemingway)
Píramo y Tisbe (Metamorfosis, Ovidio)
Gatsby y Daisy (El gran Gatsby, F. Scott Fitzgerald)
Winston y Julia (1984, George Orwell)
John Grady y Alejandra (Todos los hermosos caballos, Cormac McCarthy)
Tristán e Ivayne (Stardust, Neil Gaiman)
Clare Abshire y Henry De Tamble (La mujer del viajero del tiempo, Audrey Niffenegger)
Celia y Marco (El circo nocturno, Erin Morgenstein)
Hazel y Augustus (El fallo en nuestras estrellas, John Green)
María y Tony (West Side Story, Laurents, Bernstein y Sondheim)
Adam Conant y Cassie Blake (El círculo secreto, L.J.Smith)
Katniss y Peeta (Los juegos del hambre, Suzanne Collins)

Coctel San Valentín

La receta de Mojito: Coctel San Valentín (+18/enamorado)

Si quieres sorprender a tu pareja con un coctel especial para un día romántico te sugerimos el coctel San Valentín.

Ingredientes

  • 60 ml Ron blanco frío.
  • 60 ml Cointreau.
  • 15 ml Zumo de limón.
  • 60 ml Brandy.
  • Hielo picado.

Preparación

  1. Disponer el hielo en una copa de Martini.
  2. Exprimir un limón en la coctelera.
  3. Incorporar los ingredientes a la coctelera junto con el zumo de limón.
  4. Agita la coctelera y mezcla todo en pocos segundos.
  5. Decora el borde de la copa con azúcar.

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2 comentarios en “Amores trágicos y bodas de sangre

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